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No hay un mundo ideal

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Por Francisca Saavedra

Buscando información actual sobre asuntos de la discapacidad encontré dos visiones apasionadas sobre el tema y como siempre fuera de México. Tal parece que, a nuestros medios nacionales, aun no les suena interesante el tema de la discapacidad.

Por una parte, Juan Pablo Salazar, presidente del Consejo Nacional de Discapacidad de Colombia denuncia en su columna en el periódico El Tiempo, también colombiano, que el importante Teatro Colon es inaccesible para alguien que, como él, usa una silla de ruedas.

Con voces y términos teatrales dice que, tratándose de la discapacidad la accesibilidad es el obstáculo, muchas veces insalvable entre “ser y no ser” al estilo Hamlet. Dice que armó una breve escenificación de un drama magistralmente representado por él mismo, que a su abuelo llenó de vergüenza ajena y cuenta que tres solicitas personas a la voz de “lo ayudamos” lo subieron en vilo, vamos, lo cargaron hasta la platea desde donde vería, junto con su abuelo, el estreno de Macbeth en el recientemente remodelado teatro.

En medio de razonables gritos responsabilizó a todas las personas que tienen que ver con el teatro Colón desde el administrador y el dueño, pasando por los constructores, y para rematar con el poco criterio de los que recientemente lo remodelaron.

Y cerró diciendo que estaba tan enojado que a pesar de que la obra le gustó no hizo el menor intento por levantarse a aplaudir, claro esto en tono de broma, pues su tetraplejia, en realidad, es la que le impide ponerse de pie y aplaudir de manera sonora.

También vi a Javier Romañach, otro tetrapléjico en entrevista por internet hablando con una sencilla profundidad sobre el valor de la vida. Dijo que respetaba la postura de Ramón Sampedro inspirador de la película “Mar profundo” en donde Javier Bardem, tetrapléjico, solicita se le conceda la muerte digna pues piensa que la vida que le dejó un accidente no es vida de verdad.

Aunque en ocasiones, yo misma, he pensado que la muerte digna de una PcD severa es muy justa, luego de escuchar las razones de Javier Romañach pienso que no se debe legislar en lo general, sino que se deberá autorizar, si así lo deciden, caso por caso.

Nadie tiene en realidad la vida que quiere. Como dice Javier Romañach nadie quiere ser pobre, nadie quiere ser feo o chaparro o gordo. La vida es así para cada quien, y cada quien deberá enfrentarla, ¡¡BUENO ESO SI QUIERE!!

No se le puede exigir a nadie que luche con decisión para hacer lo que no quiere hacer, pero tampoco, como lo propone Ramón Sampedro en un libro de su autoría, que la tetraplejia o discapacidad múltiple y severa deba de terminar en una muerte asistida para TODOS los casos.

La vida de cada quien como lo plantea la misma frase es decisión de cada quien. Si la discapacidad es congénita, de origen o se adquirió en la primera infancia y hay un soporte familiar y social lo suficientemente sólido, es fácil vivir con esa circunstancia permanente de vida que no es enfermedad.

Si por el contrario la discapacidad nos sorprende en una edad considerable de juventud o franca madurez se requerirá de replantearse, a uno mismo, la vida y de un doble soporte familiar y social aderezado con una terapia psicológica especializada que nos ayude a encontrar una voluntad férrea para salir adelante a pesar de esta nueva circunstancia de vida, ya que no se trata de alguna enfermedad que se pueda curar o revertir.

De vez en cuando es bueno reflexionar sobre la vida que nos tocó vivir para sacarle el mayor beneficio.

 

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