Discapacidad y maltrato

Por Francisca Saavedra

Estamos viviendo tiempos raros, bizarros, donde lo superficial y lo aparente permea a una gran parte de la sociedad. Muy pocos creen que hayan personas que, teniendo una apariencia, sean en realidad otros. Lo que si me gustaría saber es por qué, la maldad ha probado no tener límites. Ya casi nadie se detiene ante nada, nadie se toca el corazón por nadie ni respeta la condición de mujer o aplica la piedad y compasión por las limitaciones físicas que pudiera presentar esa mujer.

Esas limitaciones a las McD nos convierten en una presa fácil de la violencia machista. Una de cada tres mujeres con discapacidad, ha sufrido malos tratos en algún momento de su vida por parte de su pareja o expareja, más del doble que las mujeres sin discapacidad.

Un estudio internacional entre 500 mujeres, reveló datos específicos de las McD que han tenido en algún momento pareja y los ha comparado con las respuestas de 500 mujeres sin discapacidad que han tenido o tenían pareja en el momento de la encuesta.

La violencia más común a la que somos sometidas las McD es la psicológica, emocional. Insultos, menosprecio, intimidación o amenazas verbales son el pan de cada día. La vive un 24 por ciento mientras solo el 14 por ciento de mujeres sin discapacidad confesó sufrir este tipo de vejaciones.

Por causa de la discapacidad o por nuestra apariencia preferimos todo antes de que nos dejen, antes de que nos abandonen. Soportamos todo sin considerar los daños a nuestra salud que pudieran derivarse de este tipo de maltrato, como dolores de espalda, cambios de ánimo, ganas de llorar sin motivo, insomnio, tristeza o fatiga permanente.

La violencia psicológica de control; celos, vigilancia sobre horarios y actividades, obstáculos para ver a familiares y amigos, la ha sufrido el 23 por ciento de las McD frente al 15 por ciento de las otras. Lo mismo ocurre con la violencia económica, el control de la economía doméstica o la disminución económica por parte de la pareja y en donde el 13 por ciento de las McD lo padece frente al 6 por ciento de las demás mujeres.

La violencia física la sufre el 11 por ciento de las McD mientras que solo el 4,7 de aquellas sin discapacidad lo permite.

En cuanto a la violencia sexual, como la obligación de mantener relaciones sin desearlo, el 3,4 por ciento de McD con mucha pena pudo confesar que ha vivido algún episodio de este tipo frente al 1,6 por ciento de las encuestadas sin discapacidad.

En el 75 por ciento de los casos, la mujer no acudió a la Policía por darle poca importancia a los episodios de violencia, porque no se le ocurrió, porque estaba sola o por miedo a las consecuencias y las represalias.

Creemos que, a pesar de las limitaciones del estudio, este sirve para visibilizar el problema. Debiera llevarse a cabo, a nivel mundial, una macroencuesta específica sobre “Violencia machista y discapacidad” para poder tomar las medidas adecuada a las necesidades de este grave problema.

La convivencia está regida por leyes, normas, reglamentos y sanciones, sin embargo, no creo que haya ley alguna que nos pueda exigir aceptar amar o incluir a alguien que no queremos, aunque si hay una serie de mecanismos y sanciones para evitar agresiones, golpes, abusos y la comisión de algún delito.

DENUNCIEMOS. Es el camino.

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