La heridas y la aplanadora

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El Senado vive hoy un momento difícil.

Como nunca antes, los 128 integrantes de la LXIV Legislatura del Senado tienen una responsabilidad histórica: sanar las heridas y evitar las tentaciones autoritarias; bajar la tensión y evitar el regreso de la aplanadora legislativa.

Por primera vez desde el año 2006, una fuerza política, Morena, logra la mayoría absoluta con sus aliados políticos del PES, PT y Partido Verde. La pluralidad política no tiene equilibrios a tercios en esta ocasión y la atentación autoritaria es mucha.

Amenazar al adversario político con quitarle presidencias de comisiones legislativas, que le corresponden por el criterio de proporcionalidad, refleja un rostro autoritario, caprichoso e inmaduro de la mayoría morenista en el Senado, entre cuyos integrantes hay legisladores que han tomado tribunas y han sido en el pasado parte de una oposición nada mesurada y nada condescendiente con las mayorías del PRI y del PAN.

Máscaras de cerdo en el Informe de Gobierno de Ernesto Zedillo. Interpelaciones a Miguel de la Madrid. Cadenas en las puertas el salón de plenos para evitar el ingreso de Felipe Calderón para tomar protesta. Cerrar las puertas para impedir que Vicente Fox entrara a rendir su último Informe de Gobierno, son solo algunos de los momentos más visibles de la actividad de la oposición en México.

Nadie tendría por qué espantarse ahora con la oposición que encabeza el PAN. Nadie, mucho menos desde la izquierda, debería exigir castigo a quienes piensan diferente, porque hacerlo es negar los orígenes de la fuerza política que hoy gobierna el país.

Cuando el año pasado se conoció que Morena y sus aliados políticos iban a tener una mayoría absoluta en el Senado, Ricardo Monreal Ávila, coordinador de Morena, anunció que su fuerza política no sería como el PRI; anunció que la aplanadora legislativo no regresaría y que día a día, los senadores de la mayoría iban a demostrar que no son iguales a los priistas.

Pero la semana pasada los enconos generados por la elección de Rosario Piedra como presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), con la evidencia de una trampa originada en una votación de 116 legisladores, pero validada con 114 votos, para que Rosario Piedra lograra la mayoría calificada, y la negativa de Morena a repetir la elección, culminó en una escena de violencia inédita en la tribuna del Senado.

Las imágenes, que afortunadamente son públicas, echan por tierra versiones que intentan obligarnos a pensar que no pasó lo que pasó en esa noche del martes 13 de noviembre, cuando Rosario Piedra rindió protesta de su cargo, pero al mismo tiempo radicalizan a las partes en conflicto, porque ninguna de las dos da un paso atrás ni lo dará.

Así, desde las entrañas de Morena en el Senado crecen las voces para romper definitivamente con los panistas y marginarlos de todo proceso legislativo; vemos a senadoras de Morena exigir que no se deje entrar a los padres de niñas y niños con cáncer, sólo porque una panista está cerca de ellos; escuchamos a esas senadoras de Morena hacer mofa de los panistas desde la tribuna, incluso hacer grotescas imitaciones para denostar a la adversaria política.

El reto para Ricardo Monreal Ávila es enorme. ¿Cómo puede evitar que Morena se vuelva radical e intolerante, si sus compañeros de bancada asumen posiciones radicales? ¿Cómo puede demostrar que Morena no es el viejo PRI y que la aplanadora legislativa no resurgirá, como él mismo ofreció desde el año pasado?

Pero el reto también es para el panista Mauricio Kuri, porque ser la segunda fuerza política en el Senado conlleva el compromiso de ser la fuerza que influya en la toma de decisiones. ¿Cómo evitará que las voces que buscan marginar a los panistas del proceso legislativo tengan éxito? ¿Cómo logrará que el PAN sea una oposición que no sólo extiende mantas gigantes y coloca letreros en los escaños, sino que influye en la construcción de las leyes?

Y el reto es además para el PRI, porque a diferencia del priismo de la LX y LXI Legislatura, cuando Manlio Fabio Beltrones coordinó una bancada que evitó la parálisis legislativa en medio de la polarización entre el PRD y el PAN, en esta ocasión los priistas desaparecen de pronto; sus voces no se escuchan en medio de los encontronazos verbales de Morena y el PAN. ¿Cómo logrará el PRI demostrar que su inigualable experiencia legislativa y política sirve para construir, no sólo para callar?

El Senado vive hoy un momento difícil. Hay heridas que deben sanar todos y hay voces que claman el resurgimiento de la aplanadora legislativa, que deben ser apagadas con la fuerza de la razón democrática. Hoy, pues, los senadores deben asimilar que por el bien de la República, deben sanar heridas y evitar la radicalización.

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