Sting, una noche muy familiar y emotiva

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57th & 9th Tour, un show más íntimo e impecable en la ejecución

Alrededor de las 21:23 horas, el Auditorio Nacional se quedó unos segundos a oscuras, los silbidos pararon y el escenario se iluminó con luces amarillas moviéndose al ritmo de los acordes de “Synchronicity II”, una de las piezas más espectaculares del último disco del trío The Police, con la cual inició el primero de dos conciertos de quien fuera su líder, Sting, en la Ciudad de México.


A partir de ese instante, el público dejó la comodidad de las butacas, algunos se despojaron de saco y corbata, para ponerse de pie y así escuchar, corear y bailar gran parte del setlist que el inglés preparó para su gira 57th & 9th Tour.
La euforia ya estaba arriba. Vino otro de los éxitos de The Police, “Spirits in the Material World” y le siguieron al hilo dos piezas más como solista, el clásico “Englishman in New York” y “I Can’t Stop Thinking About You”, de su más reciente álbum 57th & 9th.


Sting –se le veía muy contento– saludó a la audiencia con un español fluido: “Buenas noches querido público mexicano, me siento muy feliz de regresar a esta Ciudad de México”.
Este espectáculo lo mismo puede ejecutarse en un teatro pequeño, que en un gran recinto para 10 mil personas o muchas más. Porque en esta ocasión, Sting concibió un show más sencillo, se puede decir que más íntimo y también familiar, pero no por ello menos impecable en la ejecución.
Atrás quedaron las grandes alineaciones con músicos de la talla de Branford Marsalis, Manu Katché, Vinnie Colaiuta, Kenny Kirkland y Chris Botti, por mencionar sólo algunos.
Así, la banda que lo acompaña está conformada por el guitarrista argentino Dominc Miller, quien no se ha separado del inglés desde la década de los 90, tanto en estudio como en masivos; el guitarrista Rufus Miller, hijo de éste último, y Josh Freese en la batería (ex Nine Inch Nails). En los coros estuvieron los teloneros: Joe Sumner, uno de los seis hijos de Sting, quien también es músico y tiene su propia agrupación, así como los texanos The Last Bandoleros.
Gordon Matthew Thomas Sumner con rolas tanto de The Police como las que ha compuesto como solista mantuvo en el nivel más alto el ánimo de los espectadores con una mezcla de antaño con lo más nuevo, como “Every Little Thing She Does is Magic”, “One Fine day”, “She’s Too Good For Me”, “Fields of Gold”, “Petrol Head”, “Seven Day”, “Down, Down, Down”, Message in a Bottle”…
Con “Shape Of My Heart” Sting hizo dueto con su hijo Joe y en los solos de guitarra, Dominic haría lo mismo con Rufus.
También el expolicía tomó por sorpresa al auditorio cuando dijo “dónde está mi hijo”, y sin más sonaron unos acordes no tan conocidos… era “Ashes to Ashes”. Joe rindió un pequeño tributo al “Major Tom”, al “Hombre que cayó a la Tierra”, al desaparecido David Bowie.
El homenaje no paró ahí, enseguida Sting cantó “50,000”, una pieza que compuso a la memoria de los músicos que como Bowie murieron el año pasado; entre ellos Prince.
Los 10 mil asistentes, entre los llamados adultos contemporáneos, jóvenes y uno que otro niño a pesar del calor encerrado en el recinto se rindieron frente a piezas como “So Lonely”, “Desert Rose” y “Roxanne” mezclada con “Ain’t No Sunshine” de Bill Whiters, con la cual pondría fin a la velada.


Pero el Auditorio Nacional quería más, así que Sting y los suyos no se hicieron del rogar y ejecutaron “Next To You” y la clásica “Every Breath You Take”, con la que abandonaron el escenario a las 22:59 horas.
Aun así, la gente pidió más y tras gritos y aplausos volvió a salir a escena Sting con su guitarra acústica. Con luces tenues y sin mediar palabra alguna, tan solo enfundado en una camiseta blanca con la leyenda Ayotzinapa y rostros, dedicó “Fragile” a los 43.
Sting y su audiencia quedaron felices y satisfechos.

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