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¿Qué pasó Ayer? Los damnificados del poder

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¿Por qué perdió el PRI?

Por Leticia Robles de la Rosa*

La primera reacción de los priistas la mañana del lunes, cuando entraron a la peor de sus pesadillas, por perder siete gubernaturas, entre ellas cuatro de sus más importantes bastiones que le habían sido fiel hasta la crítica, me recordó mucho esa película de entretenimiento The Hangover, que en México conocemos como “¿Qué pasó ayer?”.
Las encuestadoras y sus operadores políticos habían garantizado el triunfo hasta en 10 estados. Era el camino a la consolidación del crecimiento priista que comenzó a registrarse en 2009 y que los llevó de regreso a la Presidencia de la República.
Pero desde la noche del domingo ese optimismo comenzó a desdibujarse. Los rostros que todavía la mañana del domingo 5 de junio reflejaban una expresión de “aquí sólo mis chicarrones truenan”, se desaparecieron ipso facto, cuando la información del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) les dio un golpe de realidad.
El optimismo inicial de la cúpula del gobierno federal y del PRI contrastaba, como lo hizo durante toda la campaña, con los escenarios que ya preveían sus militantes, sus bases que en la brega de las campañas vieron una realidad que reportaron a sus cúpulas, pero que no fueron escuchados: el descontento con los métodos para imponer algunos candidatos; las traiciones de los gobernadores; los pésimos gobiernos y el recorrido de sotanas de la mano de panistas para escandalizar por los matrimonios igualitarios.
La realidad que golpeó al PRI en la cara lo dejó tan noqueado que no es difícil imaginar que la mañana del lunes la pregunta constante fue ¿qué pasó ayer?.
Las derrotas son multifactoriales y también tienen un efecto múltiple. Dejan muchos damnificados.

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Sostengo que entre los factores que influyeron de manera importante en la derrota del PRI estuvo la innegable ineficiencia de sus gobiernos en Veracruz, Quintana Roo y Tamaulipas, pero también el ilegal proselitismo de la iglesia católica para llevar a su feligresía a un voto de rechazo a los matrimonios y adopciones por parejas del mismo sexo. Ilegal, porque el artículo 14 de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público dice muy claro que “tampoco podrán los ministros de culto asociarse con fines políticos ni realizar proselitismo en favor o en contra de candidato, partido o asociación política alguna”.
Pero hicieron ese proselitismo y ganaron en sus apuestas, al menos en algunos municipios y, particularmente, en el estado de Aguascalientes, donde el panista que ganó, Martín Orozco, reconoció públicamente que esa iniciativa presidencial le benefició.
Y fue tan fuerte el impacto, que los senadores del PRI de plano decidieron escribir una historia inédita de rebeldía, porque rompieron la tan presumida disciplina institucional y dijeron no a un Presidente de la República emanado de sus filas. Un no rotundo a los matrimonios y adopciones gay y al aumento del gramaje en el consumo personal de la mariguana.
Los factores que llevaron a la derrota de unos y al triunfo de otros se documentarán poco a poco conforme pase el tiempo, igual que el análisis de quiénes son los principales damnificados.
La tesis que sostiene la existencia de un complot del primer círculo del presidente Enrique Peña Nieto para anular a Manlio Fabio Beltrones como posible candidato presidencial comenzó a escucharse entre círculos priistas desde la noche misma del domingo. Fue una trampa a la que llevaron al líder nacional del PRI para anularlo y quitarlo de la competencia, sostienen.
En esa lógica, Manlio Fabio Beltrones no es el único damnificado. César Duarte, gobernador saliente de Chihuahua, ya había expresado sus deseos de ir por la grande, como le dice a la Presidencia de la República en los círculos políticos. Su derrota electoral le cierra el paso.
Pero también lastima un poco a Luis Videgaray, Secretario de Hacienda, porque Baltazar Hinojosa, el que perdió Tamaulipas, es parte de su círculo cercano. Y también golpea las aspiraciones de Miguel Ángel Osorio Chong, Secretario de Gobernación, porque su candidata, Lorena Martínez, perdió Aguascalientes y porque decenas de priistas en Puebla afirman que él jugó en favor de Antonio Gali, para apuntalar a Rafael Moreno Valle, gobernador saliente, y convertirlo en precandidato presidencial panista para debilitar a Margarita Zavala.
Otra línea de los damnificados apunta a José Antonio Meade. La revelación de que algunos de sus colaboradores en la Secretaría de Desarrollo Social, de origen panista, jugaron las contras al PRI, se expandió como pólvora, esparcida por decenas de operadores de tierra del priismo.
Sorpresiva también es la inclusión de Virgilio Andrade como otro posible damnificado. Su decisión de incorporar a Teresa Gómez del Campo Gurza, prima de Margarita Zavala, y a Benjamín Hill, ex colaborador del gobierno de Felipe Calderón, a la Secretaría de la Función Pública, lo tienen en la mira del fueron amigo que permitió el uso de recursos de un gobierno federal priista para apoyar a los candidatos panistas.

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*Leticia Robles de la Rosa: Es periodista y experta en los temas de Educación, Política , Elecciones y Congreso de la Unión. Actualmente cubre la información en el Senado de la República y es una reportera de Primera Plana.

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