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La inseguridad en el país es democrática, le pega al PRI, PAN, PRD, MORENA…

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Por Leticia Robles de la Rosa*

Los años pasan y la realidad le golpea en la cara a los gobiernos de Enrique Peña Nieto, Miguel Ángel Mancera, en la Ciudad de México; Graco Ramírez en Morelos; Carlos Mendoza Davis en Baja California Sur; Aristóteles Sandoval, en Jalisco; Eruviel Ávila en el Estado de México; Ignacio Peralta en Colima; Miguel Márquez en Colima y Rafael Moreno Valle en Puebla, más los que se acumulen esta semana.

La inseguridad es democrática. No importa el partido político del gobernante, la incapacidad para detener al crimen los iguala.

Ya desde hace años, el Veracruz de Fidel Herrera y Javier Duarte dejó de ser el acogedor y feliz estado para convertirse en un lugar de secuestros, ejecuciones, tráfico de drogas, de personas y de asaltos callejeros.

Entidades como Tamaulipas, Nuevo León, Sinaloa, Michoacán, Zacatecas, Chihuahua y Guerrero, suman años de inseguridad provocada por el crimen organizado en todas sus modalidades. La frontera de Chiapas es igual un espacio de alta inseguridad para nacionales y extranjeros.

Gobernantes van y vienen; a veces gobierna el PRI; otras el PAN o el PRD, pero los resultados son igualmente ineficaces. El crimen los rebasa. Desde hace tres años debían estar certificados todos los elementos policiacos estatales y nada, sigue tan ligados al crimen, como si no existiera una ley que obliga a los gobernantes a garantizar la seguridad de la población.

La inseguridad fue, sin duda alguna, un factor fundamental para que el PAN perdiera la Presidencia de la República. Una inseguridad que llegó a niveles inauditos en este país, primero por las torpezas foxistas de no observar claramente la dimensión del problema que crecía; luego, con la presuntuosa guerra que encabezó Felipe Calderón, como si fuera un militar vengador que iba a proteger a los mexicanos.

Calderón le echó la culpa a los gobernadores. Ellos no cooperan; ellos son los responsables, mientras el priismo lo criticaba por eso; por no asumir la responsabilidad que le tocaba como titular del Ejecutivo Federal.

Felipe Calderón perdió la Presidencia de la República para el PAN y ganó Enrique Peña Nieto, el priista que contaba con el aval de la historia de un partido que podía ser corrupto, proclive a pedir prestado y a gastar de más, pero que jamás llevó al país a los niveles de inseguridad a los que llegó con el panismo.

Entonces el PRI de Peña Nieto ofreció resultados. Atender las causas de la inseguridad, evitar la apología del delito y reducir considerablemente el discurso público en torno a la inseguridad; pedir a los medios de comunicación el respaldo para reducir al máximo las noticias sobre la inseguridad.

Pero ya pasaron cuatro años y a pesar de unos meses de tranquilidad, la inseguridad vuelve necia a azotar la cara del gobierno de Peña Nieto. México es un panteón clandestino. Fosas con decenas de muertos que se encuentran en Coahuila, Guerrero, Morelos, Veracruz. Narcos que matan en una emboscada a cinco militares en Sinaloa; narcos de Jalisco que secuestran a los hijos de El Chapo Guzmán; franeleros que secuestran y matan mujeres en el Estado de México.

Criminales que derriban helicópteros de la Policía Federal; secuestradores que operan desde los reclusorios; un narco que se escapa de un penal de máxima seguridad, en fin, una cotidianidad que le recuerda al gobierno priista que su estrategia de seguridad falló.

Y con ese mensaje a Peña Nieto, la realidad también azota a la cara de Miguel Mancera que se ufana de ser un gran gobernante, mientras asaltan a los ciudadanos en el Periférico; les roban los autos en La Buenos Aires; secuestran en Santa Fe; convierten la Central de Abasto en centro de vulnerabilidad ciudadana y los asaltos a las casas habitación son pan de cada día en las colonias adineradas.

Lo mismo pasa ahora en la otrora tranquila Baja California Sur, donde el crimen avanza; en Colima, en Guanajuato, lugares que eran seguros y que ahora tienen niveles de violencia e inseguridad que atemoriza a sus habitantes y a sus miles de visitantes. Un Estado de México donde la violencia contra las mujeres es parte de la cotidianidad, como hace años lo fuera Ciudad Juárez, en Chihuahua.

Este domingo el líder nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, acusó a los gobiernos del PAN de ser los responsables de los altos niveles de inseguridad en el país. Tiene razón, pero la lógica de echarle la culpa al otro no lleva a la cárcel a los malos; la lógica de mirar al pasado no garantiza seguridad pública.

Esa película del Yo no Fui, Fue Teté ya la vi con el PAN. La vemos todos los ciudadanos cuando hay cambio de gobierno, luego de procesos electorales donde ofrecen hacer las cosas bien.

La realidad está ahí, terca, fría y azota la cara de los gobiernos de todos los signos políticos, mientras, los ciudadanos estamos a expensas del crimen y de políticos simplistas e irresponsables que juegan con la desesperación para acarrearse simpatías, como el panista Jorge Luis Preciado y su ocurrencia de armar a todos los ciudadanos.

Leticia Robles de la Rosa

*Leticia Robles de la Rosa: Es periodista y experta en los temas de Educación, Política , Elecciones y Congreso de la Unión. Actualmente cubre la información en el Senado de la República y es una reportera de Primera Plana.

 

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