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Antes de comprar, aprende a identificar un inmueble seguro

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Los suelos de la capital se dividen en tres zonas de acuerdo con factores físicos que indican el riesgo al construir y/o vivir en las diversas alcaldías.

Los expertos de Lamudi nos recuerdan la clasificación de los suelos de la CDMX así como los elementos esenciales de una construcción para prevenir riesgos.

Las tres zonas se dividen de acuerdo a los factores físicos que ayudan a identificar el riesgo que representa construir y vivir en las diversas localidades.

Zona 1. Se localiza lejos de lo que alguna vez fue el Lago de Tenochtitlán, corresponde a las alcaldías con áreas de cerros, lomas y pedregales: relieves resistentes. Se localizan principalmente en las alcaldías Magdalena Contreras, Álvaro Obregón, Cuajimalpa, Milpa Alta, Tlalpan y algunas zonas en Coyoacán y Miguel Hidalgo.

Zona 2. Son lugares con depósitos arenosos que tienen cerca de 20 metros de profundidad. Los estratos de arena se combinan con capas de arcilla lacustre, así que son mucho menos estables. Azcapotzalco tiene este tipo de suelo en algunas de sus áreas.

Zona 3.  Esta zona es la que supone más riesgo, puesto que aquí las ondas se maximizan, ya que el suelo es integrado por diferentes clases de arcillas. Los cimientos de las construcciones deben ser hidráulicos: Cuauhtémoc, Iztapalapa, Iztacalco, Tláhuac, Venustiano Carranza, la parte central de Gustavo A. Madero y el norte de Xochimilco poseen este tipo de suelo.

“No hay que olvidar que además de la zona, es importante considerar los parámetros establecidos por el Reglamento de Construcción de la ciudad, para que una construcción sea considerada segura. También existen protocolos de seguridad para edificios y casas que deben ser bien atendidos en caso de sismo, para evitar cualquier desgracia como la que vivimos en 2017“, explica Daniel Narváez, director de Marketing de Lamudi.

Una construcción segura debe contar con estas características:

1.- Altura. La altura del edificio es uno de los factores esenciales en la resistencia a los terremotos. En la actualidad se cuenta con la tecnología necesaria para que la altura no sea sinónimo de riesgo.

2,. Simetría. Que un edificio no sea simétrico aumenta la posibilidad de que se produzca una torsión en su planta, haciéndolo más vulnerable ante un terremoto. Una construcción simétrica disminuye riesgos.

3.- Distribución de masas. Especialistas recomiendan la uniforme distribución de las masas que conforman el edificio tanto en planta como en altura, cambiando en función de las distintas zonas y alturas con base en la rigidez.

4.- Estructuras rígidas en planta. A mayor cantidad de muros estructurales en la base, mejora también la estabilidad y resistencia frente a un movimiento sísmico.

5.- Distribución de puertas y ventanas. La distribución simétrica de los elementos de apertura de las viviendas es esencial para aumentar la resistencia del edificio al colapso, así como un tamaño acorde al resto de la estructura, no debiendo superar más de la mitad del muro.

6.- Calidad de los materiales. La buena calidad de la construcción mejora la capacidad de absorción de energía en el movimiento sísmico. Los expertos coinciden en la importancia del hormigón armado y el acero para que el edificio se pueda balancear sin llegar a caerse.

7.- Cimentación. Los cimientos son clave en la flexibilidad y aguante de los edificios. Cada suelo tiene una cimentación específica tanto en profundidad, forma y tamaño, por lo que es esencial un estudio del terreno previo a la construcción del inmueble. Una correcta actuación en este aspecto permite reducir las deformaciones y esfuerzos que sufrirá el edificio durante el sismo.

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