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El rescate de 12 adolescentes y su entrenador que tuvo al mundo en vilo

17 días estuvieron atrapados en una cueva en Tailandia

El 23 de junio, los Jabalíes Salvajes (el quipo de fut integrado por 12 chicos entre los 11 y 16 años, y su entrenador de 26 años) quedaron atrapados en la cueva Tham Luang, en Tailandia. Ellos fueron sorprendidos por una tormenta que los obligó a refugiarse.


Las fuertes lluvias inundaron la zona y al ver que el agua subía de nivel, los chicos se vieron obligados a internarse en la gruta hasta quedar incomunicados y perdidos en esa laberíntica caverna, según las versiones oficiales.

17 días permanecieron en la cueva, en la misión de rescate murió una persona e intervinieron buzos de Reino Unido, Australia, Estados Unidos, China, Dinamarca, Finlandia, Israel y Japón.

La búsqueda inició el 24 de junio, cuando un equipo de rescate se internó en la cueva para ubicarlos y encontraron los huellas de los menores de edad y del joven que iba con ellos. Tres días después llegaron buzos y rescatistas de otras partes del mundo para ayudar en la misión.

La esperanza de encontrarlos con vida crece cuando el 29 de junio, el equipo logra llegar a la caverna 3 de esa gruta, situada a 1.5 kilómetros del punto donde estaba el grupo de desaparecidos. Pero fue hasta el lunes siguiente (2 de julio) cuando logran encontrarlos con vida. Los chicos estaban ya a más de 4 kilómetros de profundidad.

El rescate de todo el equipo logró la atención del mundo desde el momento en que se reportó su desaparición, hasta las primeras y borrosas imágenes de video de los chicos en la cueva. Ya habían pasado 9 días de angustia para sus padres, cuando dos buzos británicos le regalan al mundo ese 2 de julio, las imágenes con vida.

Ya con el mapa del laberinto acuático, militares logran entrar y les llevan medicamentos y suministros para hacerles una revisión médica.

La tarea difícil era enseñar a los chicos a bucear, todo estaba en contra porque el equipo no sabía nadar y las horas bajo el agua se calculaban en cinco.

La muerte de un buzo, ex miembro de la fuerza especial de la Armada tailandesa, entristeció el rescate y tornó complicada la misión. El buzo murió cuando trataba de colocar tanques de oxígeno a lo largo de la cueva. La distancia que había entre los niños y la entrada a la cueva era de cuatro kilómetros y completar cada viaje de ida y vuelta les llevaba 11 horas: seis de ida y cinco en la vuelta.

Pasaban los días, la misión y las clases de buceo dentro de la cueva continuaban; las noticias que se recibían eran de esperanza, como las cartas que los chicos enviaron a sus padres o la intención del empresario Elon Musk, (dueño de Tesla y SpaceX) de enviar equipo especializado que participa en misiones en el espacio. De hecho construyó un submarino para rescatarlos, pero ya no se ocupó pues el rescate se logró antes.

El 8 de julio el mundo amaneció con la noticia que ya iban por los chicos, el rescate se ponía en marcha y en la misión participaron 19 buzos.

Tardaron horas, muchas, pero lograron sacar al primer grupo de cuatro; al día siguiente fueron por los otros 4. Afuera de la gruta, sus padres, familia, vecinos, curiosos los recibieron con júbilo, aplaudieron.

Hoy 10 de julio, sacaron la último grupo, a los 4 chicos y al entrenador. La misión fue un éxito.

“Hicimos posible lo imposible”, dijo el gobernador de la provincia de Chiang Rai, Narongsak Osatanakorn, quien dirigió el operativo.

“Milagro o algo científico o qué, pero lo cierto es que los 13 Jabalíes Salvajes están fuera de la cueva. Todos están a salvo”, dijeron las fuerzas especiales de Tailandia.

Los chicos, como iban saliendo, fueron trasladados en helicópteros y ambulancias a un hospital en la ciudad de Chiang Rai para su revisión médica. Dos de los niños podrían padecer una infección pulmonar. Estarán aislados en el hospital una semana y no podrán asistir a la final del Mundial de Futbol Rusia 2018, a donde fueron invitados, porque están débiles.

El otro héroe que los mantuvo con vida

Akkapol Chanthawongie es el entrenador de los Jabalíes Salvajes, lo apodan Ake y es originario de Myanmar. Antes de convertirse en entrenador de futbol, fue monje budista. Y eso salvó la vida de su equipo, los niños de entre 11 y 16 años.

Con sus conocimientos budistas hizo que los chicos meditaran para encontrar la paz, la tranquilidad y que no gastaran la energía que necesitarían para salir de la cueva. Akkapol los cuidó para que no se llevaran a la boca el agua anegada, les pidió que tomaran las gotas de agua que caían de las estalactitas que, al contener minerales, los mantuvo con vida.

La historia de Ake son esas dignas de contar, porque sus padres murieron cuando era muy joven por lo que se fue a Tailandia con su tía y su abuela, con quienes creció, según contó un corresponsal a Pascal Beltrán del Río en su noticiero de radio.

Con información de agencias y del periódico Excélsior

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