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Nueva Zelanda libre de Covid-19

Nueva Zelanda cumple 100 días sin ningún nuevo contagio por coronavirus, lo que significa que pueden volver a su vida como era antes.

Actualmente hay 23 personas infectadas con el nuevo coronavirus en el archipiélago pero todas han sido detectadas en la frontera, cuando entraban al país, y están en confinamiento para evitar contagios.

Nueva Zelanda tiene cinco millones de habitantes y ha registrado mil 219 casos confirmados de coronavirus desde febrero, el último diagnosticado fue el 1 de mayo. Y 22 muertes desde que el virus se detectó a fines de febrero, unas cifras muy positivas si se comparan con las de otros países, incluso países con más o menos habitantes, si se saca la media. 

Pero, ¿Qué hizo Nueva Zelanda para ganar la batalla y poner fin a los contagios? 

La primer ministro de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern decidió hacer una estrategia para eliminar la curva y no aplanarla: un exitoso método que llevó a eliminar el virus por completo, siendo el país más estricto del mundo contra el coronavirus.

Ardern decidió tomar medidas drásticas para acabar con el problema antes de que fuera demasiado tarde. Confinamiento total, ayuda económica a la población para que no tuvieran pretexto para guardarse, pruebas para detectar el Covid-19 y disciplina. 

El primer caso confirmado de covid-19 se registró el 28 de febrero. Ahí se ordenó que todo viajero que llegara al país, nacional o extranjero, se pusiera en cuarentena por 14 días sin excepciones.

Para el 19 de marzo llegó el cierre total de fronteras. Se cerró cualquier espacio donde se reunieran más de 100 personas y la petición de quedarse en casa para ancianos y personas inmunodeprimidas.

Para el 23 de marzo, Nueva Zelanda superó los 100 casos en menos de un mes (sin ninguna muerte todavía) y aplicó el nivel 3 de su semáforo. “Estamos yendo duro y temprano”, dijo Ardern. “Solo tenemos 102 casos, pero también Italia los tuvo una vez”.

Así que dio un plazo de dos días para aplicar el nivel 4, llamado “eliminación”, el cual estableció la cuarentena obligatoria para todo el país por cuatro semanas.

Nadie podía dejar su casa, a menos de que uno de sus habitantes saliera para comprar víveres, medicinas o acudir al médico. Se cerraron escuelas, comercios, industrias y servicios. Sin excepción.  

A partir del 3 de abril, los nuevos casos confirmados se fueron reduciendo día con día hasta llegar a menos de diez por jornada. 

Quien no obedecía era reportado con la policía, incluso uno de los miembros del gabinete de Ardern, el ministro de Sanidad David Clark, fue degradado de su puesto por haber dado un paseo familiar. La primer ministro dijo que merecía el despido, pero que no era buen momento para hacerlo.

¿Qué pasaba con la gente que tenía que salir a trabajar para subsistir?

Se hicieron paquetes de estimulo de 7,300 millones de dólares para ayudar a la gente y a las empresas.

“El gobierno está haciendo todo lo posible para proteger la salud de los neozelandeses y la salud de nuestra economía”, dijo Ardern, en un comunicado.

Este estímulo destinó la mayor parte del dinero a mantener a los trabajadores en sus empleos pagando los sueldos de los empleados de los negocios afectados.

Asimismo destinó 1.700 millones de dólares estadounidenses para apoyar a las personas de bajos ingresos con un incremento de las pensiones y ayudas para pagar la electricidad, mientras una cantidad equivalente fue para compensar los impuestos de los negocios.

El gobierno también invirtió millones en pruebas para detectar el virus y mascarillas, entre otros recursos necesarios para su tratamiento. Se comenzó implementando 8.000 pruebas por día, una de las tasas de prueba per cápita más altas del mundo. ¿Para qué gastar en pruebas? Los asesores de la primer ministro explicaron que era para  localizar más fácilmente a las personas que necesitaban aislarse, así como a quienes tuvieron contacto con ellas.

Así fue como Nueva Zelanda eliminó el coronavirus de su país, aunque dijeron que no cantan victoria y seguirán vigilando la situación. 

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