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Calles, casas y hospitales, éste fotógrafo documentó cada aspecto de la pandemia en CDMX

“Las imágenes no tienen idiomas, son lo que son. La puede entender un niño de 3, alguien de 33 o de 93 años, de cualquier ideología, preferencia política, identidad, es un lenguaje universal”, compartió Jonathan Klip a través de un encuentro virtual similar al que ha tenido en 189 ocasiones, en las que el cambió el visor de su cámara por las pantallas móviles, con el objetivo de documentar cómo vivieron los mexicanos los días de cuarentena.

Este creativo se reinventa a cada momento y busca adaptarse a fin de continuar con su vocación, a veces por instinto, otras porque las circunstancias, lo obligaron a explorar caminos inusuales. En este caso, la pandemia.

“Es una realidad que el mundo está viviendo hoy en día y yo no podía quedarme fuera ni dejar de vivir, porque lo que me da energía y mi motor de cada día son las personas, entonces no hice otra cosa más que apartarme. Y si puedo comunicarme con familiares y amigos o trabajar en vía remota, la fotografía no iba a ser la excepción”.

Lo que comenzó como un deseo por documentar el México en cuarentena, donde las calles vacías le provocaron la incertidumbre de qué hacían las personas que usualmente abarrotaban el Zócalo capitalino o el transporte público, se transformó en un proyecto que le dio la oportunidad de reinventarse como fotógrafo y de utilizar la tecnología a su favor para, igual que ondas de wi-fi, meterse a las casas y descubrir el mundo que estaba ausente en el exterior.

“Ellos me abrieron las puertas en un momento en el que su casa era su único lugar seguro, y que me permitieran entrar a su lugar más seguro de la vida, porque el mundo por fuera está hecho un caos, me dejo ver cómo estaban y platicar con ellos. Fue una experiencia espectacular que me dejó muchísimo”, cuenta sobre un proyecto en el que buscaba “entender cómo vivimos, poder darle lugar a las personas que no estaban en la calle, sentir lo que ellos sentían en sus casas, porque no había manera de entrar físicamente, no era seguro para nadie”.

Pero su hambre de contar la historia completa lo llevó a una tercera etapa. “Fueron dos meses de hacer fotografías remotas, que son un complemento de la fotografía de calle muy importante, y después me seguí con la parte de hospitales, me fui al Hospital General de México, al Juárez y hoy terminé en el Instituto Nacional de Perinatología”.

Aunque en esas ocasiones sí acudió con cámara en mano, tampoco pudo realizar su trabajo de manera habitual. “Además de la primera pijama, tenía encima la bata, doble guante, doble gorro, cubrebocas y los googles y la careta que se empañaban, así que me sentí como piloto en la noche, manejando de intuición. Muchas fotos las tome por mediciones, con el exposímetro, me basé en coordenadas”, cuenta. Pero ese no fue el mayor reto, sino caer en cuenta que su presencia sólo era por unas pocas horas, él podía irse a casa al finalizar, no así los profesionales de la salud que ahí se encuentran.

“Yo sólo entraba por un ratito, cuando había gente metida ahí cinco meses todos los días. Cuando salí del Hospital Juárez, estuve de 6 de la mañana a 4 de la tarde, terminé físicamente agotado, con un cansancio emocional durísimo y decía: ‘sólo fui un día, hay gente que tiene desde marzo haciendo lo mismo todos los días’, así que fue un reconocimiento aún mayor a todo el personal de salud que ni imaginamos su labor”.

Al final, su objetivo se cumplió al “contar la historia de los héroes que están trabajando cuidando a los demás. No tomé una sola foto de pacientes o que comuniquen un lado amarillista, fui a buscar historias de éxito, de dedicación, de pasión, de grandeza y creo que me fue muy bien. Crecí como persona muchísimo porque pasé miedo, al estar con tanta seguridad, con tantas cosas, sí fue un tema complicado. Te marca ver a pequeñitos de seis meses que nacen con covid y los sacan adelante, ver cómo las enfermeras de neonatal les cantan y los bañan. Fue una experiencia de admiración”, asegura.

Con todo el material realizado en calles, casas y hospitales, Jonathan realizará un documental “de las emociones, será digital porque el mundo está tan digitalizado que quisimos brindar esto, será gratuito para quien quiera, porque es mucho hablar de la lección como humanidad y como mexicanos que nos dejó la covid”, misma que en su caso se resume en una palabra: paciencia. “Hablando personalmente, era alguien mucho más activo, todo lo quería rápido, hacia las cosas menos meditadas o pensadas y la covid me obligo a hacer todo pausado. Si quería fotografiar hospitales agarraba mi cámara y me iba a hacerlo, aquí me tomó dos semanas tramitar los permisos y accesos, protocolos, planear”, dice mientras hace un examen de conciencia, el mismo que espera realicen las personas que conozcan el documental y lo compartan en un deseo de aprender la lección.

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