“Le pedí al Presidente que los metiera a la cárcel”

Principal damnificado del enojo social por el gasolinazo de enero, el Secretario de Hacienda, José Antonio Meade, se convirtió en tema constante en diversas comidas entre políticos, porque crece la versión de que renunció a sus aspiraciones presidenciales y existe en él una molestia real por la forma en que Luis Videgaray libró el problema, a pesar de ser su autor.

Las versiones se escuchan, pero muchos no les dan crédito, porque para un grupo importante de activos políticos, identificados más con la clase media alta, José Antonio Meade puede ser un factor de unidad de facto entre el PRI y el PAN, en caso de que la fuerza política de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) aumenten al grado de ponerlo en la antesala de la Presidencia de la República.

Y en esas conversaciones de políticos se escucha una historia que muestra un lado poco conocido de José Antonio Meade, un economista y político que es amable, conciliador, que se caracteriza por la apertura al diálogo y es capaz de construir acuerdos con todas las fuerzas políticas, porque es confiable, serio y respetuoso de la diferencia de opiniones.

Se trata de una anécdota ocurrida hace seis años. La historia que se escucha ahora involucra a los integrantes del entonces Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI), presidido en aquel año por Jacqueline Peschard, cuando todavía lejos del escándalo interno que le valió su desintegración y sustitución por el actual Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI).

En mayo del 2010, por un voto contundente del pleno, el IFAI ordenó al Sistema de Administración Tributaria (SAT) abrir al público el listado de todos los deudores fiscales a quienes les fueron perdonadas las deudas; en su momento se hablaba de 74 millones de pesos que perdió la Federación, vía esta condonación.

Resulta que esa decisión del extinto IFAI generó muchas complicaciones para la Secretaría de Hacienda, quien se resistió en amparo de la protección de los datos personales de los contribuyentes afectados.

En uno de esos capítulos de batalla legal, los integrantes del IFAI fueron invitados a una comida con José Antonio Meade a Palacio Nacional, donde dialogaron de diferentes temas, todos en torno a las nuevas obligaciones de transparencia y la necesidad de proteger los datos personales de los contribuyentes.

En un momento de la conversación –dice la versión que se cuenta en estos días–, José Antonio Meade les dijo a los comisionados que su decisión de abrir al público los nombres de los deudores fiscales condonados implicaba tanto riesgo de seguridad que “le pedí al Presidente de la República que los metiera a la cárcel”; frase que dejó helados a los comisionados, porque no supieron si tomarlo como una broma de José Antonio Meade o como una amenaza abierta del Secretario de Hacienda.

La verdad de esa conversación sólo la saben los involucrados, pero como toda historia de la clase política, genera un gran interés, porque quienes la repiten varían en algunos detalles, pero repiten de manera textual la frase que se atribuye a Meade.

Y la historia llegó hasta mis oídos, como parte de una conversación en torno a que el poderoso grupo de Luis Videgaray también está dividido.

La semana pasada mostramos en este espacio que se gesta el movimiento interno priista Todos Unidos contra el Chino (Tucochi), como le llaman al grupo de los priistas que quieren cerrarle el paso a Miguel Ángel Osorio Chong como posible candidato presidencial del PRI.

La versión de que José Antonio Meade está molesto con Luis Videgaray, por haberlo “quemado” como responsable del gasolinazo y matar de esa forma sus aspiraciones presidenciales muestra que la unidad misma en el grupo poderoso, cercano a Los Pinos, también es muy frágil y que es desde sus propios integrantes de donde surgen las versiones de que Meade se va al Banco de México, porque así lo descartan por completo como candidato presidencial y se queda en una posición importante para su carrera.

La molestia es a tal grado que se habla de que Meade se irá de México cuando concluya este sexenio. Irá a alguno de los organismos internacionales económicos.

¿Verdad o mentira? Lo único cierto es que en la hoguera de las vanidades priistas las grillas desbordan la disciplina institucional.

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