Del PT le llegan los recursos a AMLO

La honestidad que se vende al mejor postor

De manera formal, en el Senado de la República las negociaciones internas tienen que ver con el peso político de cada partido o grupo de legisladores. Sin embargo, en los últimos años esas negociaciones han tenido un verdadero trasfondo económico, por la enorme cantidad de dinero que se puede utilizar de manera libre, sin rendir cuentas públicas y que tuvo su máximo histórico en mil 300 millones de pesos.

Y esa es la razón de fondo que está en el conflicto del PRD, entre sus legisladores y la dirigencia nacional, y en la decisión de por qué Barbosa y sus amigos tardaron en irse al Partido del Trabajo, que es el membrete que utiliza Andrés Manuel López Obrador para tener representantes en el Senado.

Y ahí está también el concepto de honestidad que no entiendo. ¿Cómo puede el ex coordinador del grupo parlamentario del PRD en el Senado, Luis Miguel Barbosa, criticar las corrupciones en otros partidos, si él peleó como fiera que no le quitaran el dinero que tiene en el Senado y que ahora disputa para el PT? ¿Cómo puede Andrés Manuel López Obrador decir que representa la honestidad que le hace falta a este país, cuando en los últimos cuatro años obtuvo, por debajo de la mesa, 63 millones 422 mil 78.5 pesos, provenientes de las subvenciones que el Senado entregó al Partido del Trabajo?

Desde que Luis Miguel Barbosa decidió retar a la dirigencia nacional de su ex partido, el PRD, para anunciar que va a respaldar la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador, todos hemos visto la forma en que él y su grupo cercano se pelearon por mantener el control de un grupo parlamentario que en un año recibió 90 millones de pesos, y los hemos visto alejarse definitivamente de su partido y negociar con el priista Emilio Gamboa y el panista Fernando Herrera que le mantengan, sin sustento jurídico alguno, las presidencias de comisiones y del Instituto Belisario Domínguez, para tener acceso a recursos extras a su dieta y la subvención que les entrega el Senado mensualmente para las labores legislativas.

La pregunta lógica es ¿por qué si al menos tres ex perredistas se asumen plenamente como militantes de Morena, no se afilian al PT que coordina Manuel Bartlett, y ahí trabajan?

La interrogante se la hice a varios legisladores del PRD y del PT y la razón es única y exclusivamente económica.

Resulta que las reglas en el grupo parlamentario del PT en el Senado es que de las subvenciones que reciben los senadores cada mes, se le entregue a Alberto Anaya, dueño del PT, la mitad. Eso significa que de los 380 mil pesos que le dan a un senador por mes, 190 mil van al bolsillo de Anaya.

La historia no termina ahí. De los 190 mil pesos que quedan por cada senador, 95 mil pesos mensuales van directo a las arcas de Andrés Manuel López Obrador, para ayudar a su causa política. Y los 95 mil pesos que quedan se van a la administración de don Manuel Bartlett para la operación del grupo parlamentario, que implica pago de trabajadores y asesores. ¿Y el senador con cuánto se queda? Pues con nada.

En cambio, en el PRD de Luis Miguel Barbosa la lógica fue distribuir todo el dinero de la bancada, por partes iguales, entre todos sus integrantes.

Esta lógica monetaria, relatada por los senadores involucrados, deja ver que de los 253 millones 688 mil 314 pesos que el PT ha recibido del Senado entre 2013 y 2016, la mitad, es decir, 126 millones 644 mil 157 pesos fueron directo al bolsillo de Alberto Anaya y 63 millones 422 mil 78.5 pesos a los de Andrés Manuel López Obrador.

¿Convicciones? ¿Compromisos con sus electores? No. No nos engañemos. Las razones son económicas. ¿Honestidad? Yo, al menos, no la entiendo.

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