Más allá de una boda real, un amor REAL. La primera duquesa mestiza del Reino Unido.

Es emocionante ver como han cambiado los tiempos, incluso en la realeza. La boda de Meghan y Harry marca historia rompiendo reglas para dar lugar a la autenticidad y al amor. 
 
El cuento de hadas llegó al altar como si fuera una historia de Disney. Pero no una de princesas, sino de mujeres de carne y hueso.
 
Déjenme platicarles un poco de Meghan Markle…
Sus padres se conocieron en el set de grabación de una serie televisiva en Los Angeles, California. Ella era maquillista afroamericana y él era el director de iluminación, blanco, casado y con dos hijos. Se enamoraron, él dejó a su mujer, se casó con Doria y tuvieron a Meghan, quien nació en 1981 en Crenshaw, un barrio muy peligroso de Los Angeles.
Seis años después sus papás se divorciaron y la madre se declaró en bancarrota, por lo que Meghan tuvo que ponerse a trabajar haciendo invitaciones de bodas, para ayudar a su familia con dinero. Gracias a todo ese esfuerzo, años más tarde logró graduarse en la universidad y posteriormente entró a trabajar como actriz en series como CSI, General Hospital, Castle y Suites, en donde protagonizó fuertes escenas de sexo.
 
En el 2006, Meghan se casó con Tremor Engelson, productor de cine y televisión, pero a los dos años se divorciaron porque sus carreras que interferían con su vida personal y no lograron manejarlo.
 

Actriz, divorciada, mestiza, treintona, tres años más grande que el príncipe, con antepasados esclavos y una familia de escasos recursos y mucha polémica, Meghan logró posicionarse en Hollywood y en la realeza. ¡Qué hubiera pensado su tatarabuela, Mary Bild, quien trabajó como chica del servicio en el Castillo de Windsor en 1856!

Ahora ella es la nueva Duquesa de Sussex. Una mujer exitosa, independiente, moderna, activista, que ha salido adelante sola, que nunca ocultó sus orígenes ni su estilo de vida.Una mujer con errores y aciertos, que ha demostrado que ningún prejuicio puede impedir la felicidad verdadera.

Así surgió el amor y la admiración entre ella y el Príncipe Harry, demostrándole a la realeza y la gente de doble moral, lo que realmente importa en esta vida: el amor.

La boda también fue muy distinta a lo que hemos visto normalmente, muy relajada y sencilla; desde los vestidos de la novia, diseñados por Clara Waight y Stella McCartney, respectivamente, hasta el nulo banquete reemplazado por bocadillos de pie.

Entre los familiares de Meghan, sólo vimos a su madre, quien lloró en todo momento y estuvo sola, ya que prefirieron no invitar a muchos de los hermanos “non gratos” en una ceremonia así. Su padre vio la boda desde su casa en Rosarito Beach, México, pues su salud le impidió entregarla.

Lo que si se vio fue un toque muy afroamericano: la música, los invitados y, mi parte favorita, el reverendo de Chicago, Michael Curry (casado, con dos hijas, descendiente de esclavos y defensor de los matrimonios gay), quien dio un sermón que me recordó a Whoopi Goldberg en Sister Act.

“Imaginen gobiernos que se guíen por el amor”, dijo el obispo defensor de los derechos civiles. “Todo ha cambiado,” decía efusivamente, moviéndose de un lado a otro,  levantando los brazos y subiendo el tono de voz al parafrasear a Martín Luther King, casi invitando a los asistentes y a la reina a comenzar a bailar “I will follow him,” provocando miradas de la gente impactada ante la escena y risas nerviosas de algunos miembros de la familia real.

“El doctor King tenía razón; debemos descubrir el amor, el poder redentor del amor. Cuando lo hagamos haremos de este viejo mundo, un mundo nuevo”. Dijo con toda pasión mientras que Meghan, a diferencia de la reina, sonreía abiertamente al escuchar sus palabras (leídas desde una tablet).

Y saben qué, creo que ese “mundo nuevo” al que se refería el líder del movimiento por los derechos civiles afroestadounidenses, ya esta llegando. Y aunque queda mucho camino por recorrer, sobretodo en mentes cerradas, personas prejuiciosas y lideres anticuados que buscan poner muros para separar a los seres humanos, historias como la que vimos entre Meghan y Harry nos hacen entender lo que realmente importa. ¡Qué gran mensaje de apertura y modernidad le han dado los ahora esposos al mundo! Una boda que desmitifica y demuestra que la perfección está en el amor y no la doble moral. Tipo las telenovelas y los cuentos de hadas, pero llevado a personajes de reales. Algo que siempre se ha soñado pero pocas veces se ve, incluso entre plebeyos.

Así, mientras que en México algunos critican a Stephanie Salas por haber tenido una relación casual con Luis Miguel, el mundo entero le abre las puertas a una mujer que hace 200 años, seguramente hubiera sido esclava, o como sus antepasados, habría lavado los platos de la realeza y ahora, es la nueva duquesa. Y no llegó ahí virgen, ni en sus veintes, ni con un pasado dizque impecable, no. Lo hizo siendo ella, siendo autentica, con defectos y virtudes, con una vida y con una ilusión, como todas las mujeres normales en el mundo.

Hoy, todo es distinto y lo demostraron con sus miradas de ilusión, con el corazón a flor de piel cuando él le dijo, casi apenado, “¡Te ves increíble. Soy muy afortunado!” Derritiendo no sólo a su novia, sino a todas las mujeres románticas e imperfectas que deseamos encontrar una historia de amor real. REAL.

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