Educación y empleo a los jóvenes con discapacidad

Por Francisca Saavedra*

El pasado viernes 12 de agosto se celebró el Día Internacional de la Juventud y me preocupa la relación que existe entre ellos y el trabajo. Siento que hace falta pasión por el trabajo.

Las causas son variadas, pero destacan la nula preparación para desempeñar el puesto que se ofrece, la poca disposición por aprender, pero sobre todo la improvisación y los bajos salarios. En el mercado laboral quiero destacar la presencia de los Jóvenes con Discapacidad (JcD).

Un estudio reciente dice que la mitad de los JcD que buscan un empleo se siente discriminado, por ser joven y por tener discapacidad; que un 22 por ciento no considera que su discapacidad sea factor a la hora de buscar un empleo, y el 13 por ciento considera que la discapacidad es un plus. El estudio asegura que la discriminación se nota más cuando se busca por primera vez empleo.

Les cuesta darnos la primera oportunidad, las empresas siguen teniendo miedo y prefieren no arriesgarse, tienen dudas sobre lo que no vamos a poder hacer y olvidan los beneficios económicos que recibirían por contratarnos, deberían fijarse en nuestras capacidades y no en nuestras limitaciones.

A veces, tener un certificado de discapacidad poco nos ayuda pues el empleador ve desventajas en lugar de oportunidades para que los JcD compitamos con otras personas de la misma edad.

La inclusión laboral de los jóvenes con discapacidad sería más sencilla si lograran su primer empleo mediante orientación laboral y asesoramiento, que además aumentaran los incentivos para las empresas y que haya mayor información sobre la discapacidad entre la sociedad.

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El primer paso para terminar con prejuicios y la discriminación es normalizar el trato que le damos a la discapacidad en el seno de la sociedad y al interior de las empresas. El talento y la capacidad no se anulan totalmente por la discapacidad, al contrario, pueden reforzarse con la motivación, el afán de superación y la búsqueda de resultados.

Nos deben dejar de ver como colectivo o como minoría y empezar a vernos como personas individuales. Cada persona es distinta por lo que generalizar o etiquetar genera discriminación.

Al prejuicio empresarial agreguemos la sobreprotección familiar, la falta de recursos o las dudas sobre el tipo de trabajo que podemos realizar.
Es importantísima la preparación académica y el desarrollo de otras habilidades más. No deben olvidar ellos, pero nosotros menos, que muchos no tenemos el cuerpo y la fuerza suficiente para trabajos físicos.

Y como tampoco debemos o podemos ser delincuentes, debemos elevar, al máximo, nuestra formación académica, ahí sólo el 8 por ciento de los JcD que busca empleo tiene licenciatura, frente al 17 por ciento de la media general. NO QUEREMOS UN EMPLEO POR PIEDAD

Viejos prejuicios y algunos estereotipos siguen ligando a la discapacidad con escasa productividad, dependencia o altos costos para la empresa contratante y estas percepciones nos siguen alejando de los puestos de trabajo.

Hay que erradicar estos estigmas, no sólo por cuestiones de ética o justicia social, sino porque nuestra economía nos necesita para salir adelante. Hay que promover la participación de los JcD en el mercado laboral, retirando todas las etiquetas que siguen limitando nuestros talentos. Hacer lo contrario, no sólo refuerza el estigma, sino que afecta directamente a la economía en su conjunto.

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*Francisca Saavedra. Es periodista, durante 30 años trabajó en Televisa, fue corresponsal en Egipto y Australia y su última responsabilidad en esa empresa fue la Dirección de Corresponsales Extranjeros. Fue una de las fundadoras de ECO, el sistema de noticias 24 horas. A los cuatro años le dio poliomelitis (en ese entonces no existía la vacuna), y desde entonces para poder desplazarse ha utilizado muletas, aparatos ortopédicos y silla de ruedas.

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